viernes, 28 de agosto de 2015

Pablito Ruiz contó sobre sus 'affaires' con Ricky Martin, Chayanne y Luis Miguel

El cantante argentino Pablito Ruiz aseguró que tuvo relaciones con Ricky Martin, Chayanne y Luis Miguel, todo esto en sus respectivas giras por Latinoamérica.

El intérprete, que durante los años ochenta impactó con 'Oh mamá, ella me ha besado', aseguró al programa 'Detrás de lo que vemos' de Radio América que mantuvo relaciones con las estrellas de la música en distintos países.

"Ricky Martin me robó las bailarinas en México, después hablamos. En una reunión de artistas en México, me tiró onda y tuvimos algo", aseguró Pablito.

Tras esto, contó que "Luis Miguel me tiró los 'galgos' (término usado en Argentina para hablar de una aproximación con interés sexual) en Venezuela, me invitó a su habitación".

Sobre Chayanne mencionó esto: "Me invitó a su habitación en Chile", dijo, para luego comentar que aceptó las tres propuestas de los cantantes.

martes, 25 de agosto de 2015

Activista gay y con VIH se convierte en sacerdote

“Desde mi juventud tuve dos cosas claras: mi orientación sexual y el amor a Dios”, afirma el sacerdote católico apostólico ecuménico Daniel Ruiz.

Pero, fray Alejo Ruiz Díaz, como es reconocido en su congregación, no es un sacerdote como los miles que hay en el país y el mundo, sino que es un gay y portador de VIH.

La historia de Daniel se inició en Argentina, tierra que lo vio nacer. Ahí, comenzó sus estudios de filosofía y doctrina, en la congregación de los salesianos. Cursó hasta quinto año y solo le faltaba tres para lograr su meta y convertirse en sacerdote.

Pero, dejó los estudios unos años. Consiguió su pareja. Tenía una vida normal hasta que le detectaron que era portador del VIH.

Esa noticia cambio su vida para siempre. Al ver los problemas que tenían las personas que viven con el VIH decidió apoyarles. Se convirtió en un activista en pro de los derechos de ese grupo.

UN APOSTOLADO El sacerdote no duda en asegurar que su tarea de activista, que la desarrolló en Argentina y en Bolivia, fue un apostolado.

“Siempre fue un activismo ofrecido a Dios”, afirma.

En Cochabamba, trabajó arduamente hasta lograr que las autoridades gubernamentales visibilicen al grupo de portadores de VIH. Pero no solo eso, sino que canalizó ayuda extranjera para que esas personas tengan medicamentos gratuitos.

EN CHILE Después de haber trabajado muchos años en Bolivia, Daniel se dio cuenta que tenía una necesidad profunda de fortalecer su interior y decidió retomar sus estudios y, por fin, lograr el sacerdocio.

Estaba consciente que el camino a la meta no sería fácil, porque su fama de activista, gay y portador de VIH había traspasado las fronteras bolivianas. Sin embargo no se detuvo nunca.

Decidió enviar sus documentos a la congregación de los Siervos de María de la iglesia Católica Apostólica Ecuménica de Chile.

“Le pedí al obispo que me acepte como soy (gay y portador de VIH”, recuerda.

Ahí, estudió los años que le faltaban y el 22 de febrero de 2015 logró su objetivo: se consagró sacerdote. Ahora, está empeñado en volver a Bolivia, a Cochabamba para ayudar en los procesos de espiritualidad.

DIOS DE AMOR Daniel dice que nunca se sintió discriminado, ni cuando estudiaba ni mucho menos ahora que ya viste los hábitos.

Asegura que es un sacerdote católico apostólico ecuménico, que no depende del Papa sino de un obispo primado

“Estoy seguro que ningún texto de las sagradas escrituras fuera de contexto sea un pretexto para discriminar en el nombre de Dios. Es una relación fraterna”, dice.

Añade que a veces “pensamos que Dios te salva en determinada Iglesia y religión. No podemos olvidar que Dios es amor y no excluye a nadie”.

domingo, 23 de agosto de 2015

Gays se apoyan en cinco familias al salir del clóset

Abrumado por el miedo y temiendo que “salir del clóset” le podría ocasionar muchos problemas con su familia, Víctor no aguantó más guardar en secreto su identidad sexual y les declaró a sus padres que era gay.

Tenía 17 años cuando se animó a dar este paso. La reacción de sus progenitores no era la que esperaba, lo expulsaron de su hogar y le desearon lo peor.

“Jamás nos volverás a ver”, fueron las últimas palabras que escuchó de su padre.

Antes de revelar su identidad sexual, Víctor ya tenía algunos amigos que eran parte del Colectivo Lésbico, Gay, Bisexual y Transexual (LGBT) y uno de ellos le ofreció techo mientras buscaba un trabajo.

Ese amigo era parte de las cinco familias gays que se conformaron en Cochabamba y que eligieron apellidos convencionales (Espencers, Hilton, Brandy, Beckenham y Gallardo) que brindan apoyo a las personas que “salen del clóset” y que ofrecen techo y ayuda a los que son rechazados por sus progenitores.

Uno de los conceptos de familia, según la Real Academia Española, se refiere al “conjunto de personas que tienen alguna condición, opinión o tendencia común”.

Estas familias, conformadas en Cochabamba, son grupos que tienen entre 10 a 25 personas, que no necesariamente viven juntas, pero se apoyan mutuamente. Víctor vivió en la casa de uno de los miembros de la familia Espencers por un año. Lo apoyaban con algunos víveres y le ayudaron a conseguir trabajo en un café internet.

Con un sueldo fijo, Víctor ya podía sustentarse y se independizó. Actualmente tiene 25 años y vive con su pareja. En los últimos ocho años no ha sabido nada de sus padres y ellos no lo volvieron a buscar.

Víctor pagó una factura elevada por “salir del clóset”. Perdió el cariño y el vínculo que tenía con sus padres, pero aseguró que no podía vivir negando su identidad sexual. Así no era feliz.

UN GRAN APOYO

Víctor reconoce que sin el apoyo de la familia Espencers no podría vivir plenamente su identidad sexual y continuaría sufriendo por satisfacer a sus padres.

Estas cinco familias, a las que hace referencia Víctor, se han convertido en un respaldo importante para los gays que tienen problemas cuando “salen del clóset”. Con recursos que salen de sus propios bolsillos, los gays que se sienten identificados con otros les brindan apoyo.

En el caso de las lesbianas el apoyo es similar, aunque éstas no han conformado familias. Se extienden las manos unas a otras cuando lo necesitan.

Mauricio Fuentes o Maui como lo conocen en la comunidad LGBT de Cochabamba, la cual dirige, no tuvo necesidad de formar parte de estas familias, porque contó siempre con el apoyo de sus padres.

Fuentes apuntó que estos grupos son la única esperanza para los que son discriminados por el primer eslabón de la sociedad, su familia.

Actualmente, hay en Cochabamba unas cien personas activas que forman parte de la comunidad gay. Según estudios de la Organización Mundial de la Salud, un 10 por ciento de la población de cada país en el mundo tiene una preferencia sexual diferente al de la pareja entre el hombre y la mujer.

SOCIEDAD CUADRADA

Pese a los avances que ha logrado en el mundo la comunidad gay y lesbiana, en el tema legislativo, las personas que pertenecen al colectivo LGBT de Cochabamba consideran que en el país la sociedad es todavía “muy cuadrada” y tiene prejuicios para aceptar a gays y lesbianas.

“Todavía hay mucha homofobia”, indicó Fuentes, quien también denunció que a la fecha en el país se cometieron 79 crímenes contra su comunidad y ninguno tiene sentencia.

Esa es una de las causas por la que parejas del mismo sexo evitan tomarse de la mano en la calle, compartir besos en una plazuela o asistir a lugares donde la gente no está acostumbrada a ver a dos personas del mismo sexo juntas.

Si bien en Bolivia rige una ley contra toda forma de racismo y discriminación, los gays y lesbianas prefieren frecuentar sus propios espacios para compartir: cafés, discotecas y un sauna. Allí no se sienten rechazados por darse un beso o expresar su amor frente a otros que entienden su situación.

Estos “lugares de ambiente”, como son denominados por la comunidad, fueron conformados por ellos mismos y en algunos casos dan trabajo a los gays o lesbianas que lo necesitan.

SIN PROTECCIÓN

Vivir juntos se ha vuelto cada vez más común entre las parejas gays y lesbianas. Comparten el mismo techo y se sienten protegidos, sin nadie que los juzgue u observe.

Al “salir del clóset”, con una profesión y un trabajo los gays optan por independizarse, en la mayoría de los casos, y lo hacen en compañía de sus parejas.

Pero ello trae consigo muchas preocupaciones porque no tienen ninguna protección ante la ley.

Estas parejas viven en el desamparo, que trae consigo una serie de cargas sociales, debido a que su unión no está reconocida por la ley.

Una de las parejas más antiguas de gays en Cochabamba convivió durante 26 años. En este tiempo compraron una casa y muchos otros bienes. Uno de ellos murió con cáncer en 2014 y el otro quedó desprotegido y a expensas de que los familiares del fallecido puedan apropiarse de lo que la pareja construyó, debido a que nada respalda ante la ley los años que vivieron juntos.

La atención médica es otra carga social que la comunidad gay y lesbiana debe asumir con su propio dinero.

Pese a que muchos trabajan en empresas en las que podrían asegurar a sus parejas no lo hacen por falta de una ley que los respalde. Y tampoco se atreven a hacerlo como personas que mantienen a su pareja porque en algunos casos temen ser retirados de sus fuentes laborales si descubren su preferencia sexual.

Por esta razón, prefieren correr con todos los gastos de enfermedades.

Cuando se trata de intervenciones quirúrgicas, que requieren de autorización de familiares, los gays y lesbianas no pueden firmar las solicitudes de sus parejas, pese a que en muchos casos son la única persona que tienen.

Lo mismo sucede con los créditos. No tienen los mismos derechos de las parejas heterosexuales de solicitar préstamos para comprar una casa, vehículo y otros bienes.

Esta desprotección, sin embargo, no es un obstáculo para que estas parejas busquen su propia felicidad bajo el mismo techo. Aunque en condiciones muy limitadas, gays y lesbianas viven juntos y forman una familia.

Salir al exterior es la única opción para las parejas que buscan unión


Luis, de 39 años, despierta todos los días con la esperanza de que algún rato tendrá a su lado a la persona que más ama y con la que ha decidido unir su vida, David de 57.

El sueño de este boliviano no podrá, por el momento, ser cumplido en el país, debido a que la unión entre personas del mismo sexo no es legal. Por este motivo, Luis apunta a consolidar su relación en Estados Unidos.

Luis, chuquisaqueño de nacimiento, vive en Cochabamba y ha decidido casarse en Massachusetts, Estados Unidos, lugar donde reside su pareja, a quien conoció hace cuatro años.

Una beca en problemas de género, transparencia y gobernabilidad llevó a Luis por once meses a Estados Unidos.

UN HOGAR

Luis se declaró gay a los 22 años, lejos de su familia y cuando era ya independiente, por lo que no tuvo mucha dificultad en que sus padres aceptaran su situación y a las parejas con las que enamoró.

En principio, el anhelo de Luis y David era vivir en Bolivia, pero ante la falta de una ley que apruebe la unión libre de parejas del mismo sexo, ambos decidieron realizar la ceremonia en Estados Unidos.

Mientras tanto, la tecnología es la que mantiene intacta su relación a distancia. Luis y David se comunican mediante videoconferencias y chatean todos los días.

Luego de que Luis retornó de Estados Unidos, David llegó en varias oportunidades para visitarlo en las fiestas de Navidad. Su estadía en Bolivia transcurre en la casa de su pareja, donde las labores diarias son repartidas como en cualquier unión heterosexual.

Mientras que a David le gusta cocinar, Luis es el que se encarga de lavar la vajilla. Lo mismo sucede con la distribución de otras tareas diarias.

Esta relación, según Luis, quiere ir más allá de la unión y la convivencia. En un futuro próximo, el objetivo que tienen ambos es conformar una familia y adoptar un hijo.

“Formar una pareja estable en Bolivia es un poco complicado porque el medio no está preparado. Las familias y la política tampoco lo están y casi no tenemos ninguna garantía” afirma Luis.

Agrega que ocurre lo contrario en Boston, Estados Unidos, donde ya está aprobada la unión entre personas del mismo sexo desde 2007.

“Llegando allá accederé al seguro social y a todos los beneficios que tiene una pareja en el ámbito estatal, solo esperaré la ciudadanía”, precisa.

La historia de Luis y David es un ejemplo de muchas otras, de bolivianos que viajan al extranjero para hacer realidad un proyecto de vida amparados por la ley.

“Mi familia está un poco preocupada por la distancia, pero ellos han asumido que para que mi felicidad sea plena tiene que ser en un lugar donde se lo permita. Bolivia todavía no es el lugar”, afirma Luis.

Muchas de las parejas que se casaron en Argentina, Brasil, Uruguay, España y Estados Unidos no volvieron al país. Solo algunas que tienen compromisos con familiares, trabajo o estudio retornaron, pero de manera temporal.

La mayoría permanece afuera porque cuenta con las garantías legales para establecer un hogar y una familia. Si algo le pasara a una de las dos personas que conforman la pareja, ésta no queda desamparada, tal como sucede en Bolivia.

UNA HIJA

Otra pareja que también decidió unirse legalmente en Estados Unidos fue la de Mónica y Martha, bolivianas que migraron hace 20 años, enamoradas, y que lucharon para que su relación sea aceptada por sus familias.

En el año 2000, en Washington ambas decidieron unir sus vidas legalmente. En la actualidad no solamente han conformado una sólida relación, sino que le han dado un hogar a su hija. Una joven de 20 años que nació del vientre de Mónica producto de una inseminación artificial y que apoya plenamente la relación de sus progenitoras.

UNIONES LEGALES

En el mundo hay 21 países que han aprobado la unión legal de parejas del mismo sexo.

Holanda fue el primero en el año 2000, le siguió Bélgica en 2003, España y Canadá lo hicieron en 2005. Al año siguiente fue Sudáfrica y en 2009 Noruega y Suecia.

Argentina, Islandia y Portugal aprobaron en 2010, Dinamarca en 2012, Brasil, Francia, Inglaterra, Nueva Zelanda y Uruguay lo hicieron en 2013.

Los últimos países en aprobar fueron Escocia y Luxemburgo en 2014. Estados Unidos, Finlandia e Irlanda este año. En el caso de este último país se realizó un referendo en el que se aprobó la legalidad del matrimonio homosexual.

Para contraer la unión libre, las parejas de bolivianos gays y lesbianas solamente requieren tener sus papeles al día, pasaporte y certificado de nacimiento. En algunos países les piden tener la calidad de residentes para acceder al trámite.

Tal como sucede en las parejas heterosexuales, las del mismo sexo también pueden optar por el divorcio luego de la unión.

Aprobar el matrimonio gay implica modificar la CPE

La Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia no ha recibido ninguna propuesta o iniciativa de ley, en forma oficial, que busque la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, informó el diputado cochabambino Víctor Gutiérrez, de Unidad Demócrata.

El asambleísta recordó que la Constitución Política del Estado (CPE) señala que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer, por lo que sería "imposible" que se apruebe una norma que legalice la unión entre gays o lesbianas.

Según el artículo 63 de la CPE, en su numeral primero, el matrimonio entre una mujer y un hombre se constituye por vínculos jurídicos y se basa en la igualdad de derechos y deberes de los cónyuges.

A su turno, el presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, Aniceto Choque (MAS), confirmó que a esta instancia no llegó ninguna iniciativa legislativa ni ciudadana sobre la convivencia de parejas del mismo sexo.

Dijo además que no tiene conocimiento de que en otras comisiones se trate el tema o que algún asambleísta esté promoviendo algún proyecto de ley para favorecer a este sector.

EN CONTRA

El diputado Víctor Gutiérrez afirmó que en lo personal no está de acuerdo que en Bolivia se legalice el matrimonio gay, como se lo ha hecho "lamentablemente" en otros países.

Asimismo, expresó su desacuerdo en que las parejas gays o lesbianas adopten niños "porque se está trastocando la esencia de la humanidad. Eso no se puede poner siquiera en el tapete de discusión".

El asambleísta afirmó que en lugar de pensar en aprobar el matrimonio gay, se debería apuntar a mejorar la educación y la calidad del trabajo, entre otros aspectos.

Aseguró que Bolivia, a diferencia de otras sociedades, no es tan permisiva cuando se trata de temas como el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Si bien Gutiérrez expresó su abierta oposición a que se legalice el matrimonio homosexual, aclaró que se considera respetuoso de la orientación sexual que cada persona elija.

Por su parte, el diputado Aniceto Choque, consultado sobre la unión de parejas del mismo sexo, dijo que él está apegado a la convivencia conyugal de hombres y mujeres, aunque aclaró que respeta la opción sexual de cualquier ciudadano.

Choque considera que este tema será de amplio debate, una vez que haya una propuesta concreta que defina alcances, beneficios, desventajas, entre otros elementos.

NORMATIVA CREATIVA

El diputado Víctor Gutiérrez afirmó que si bien está en total desacuerdo con la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, propone que se podría plantear una normativa "creativa" para proteger los derechos de esta comunidad.

Esta norma estaría orientada a proteger a los miembros de una pareja de gays o lesbianas, que han convivido y adquirido bienes, en caso de que uno de ellos fallezca, por ejemplo.

"Pensar en alguna normativa que les permita acceder a ciertos derechos civiles, pero de ahí a legalizar el matrimonio gay va a generar un largo debate en el país", afirmó.

DERECHOS

El activista Daniel Ruiz considera que la unión entre personas del mismo sexo se está consolidando en Bolivia, pese a que la legislación no va de la mano con este avance.

Ruiz afirmó que hay parejas sólidamente constituidas, que conviven varios años, pero que requieren de un marco legal para tener reconocimiento social y puedan, además, beneficiarse con servicios de salud.

Puso como ejemplo Argentina, donde se ha legalizado la unión entre dos personas del mismo sexo, y la pareja tiene los mismos derechos, obligaciones y beneficios de cualquier matrimonio heterosexual.

A falta de una ley en Bolivia -explicó Ruiz- las parejas de gays y lesbianas están expuestas, por ejemplo, a quedarse sin bienes cuando uno de los miembros fallece. “Si se trata de bienes materiales, los familiares pelean por la herencia”, agregó.

Ruiz recordó que las parejas gays o lesbianas no se benefician con la atención en salud porque la ley no les reconoce este beneficio, pese a que muchas de ellas están bien constituidas y conviven durante muchos años.

"Lo único que se busca es el reconocimiento de todos los derechos", apuntó Ruiz.

Recordó que se presentaron algunas propuestas para legalizar las uniones de personas del mismo sexo, pero que no se materializan aún por falta de voluntad política.

Iglesia protege el matrimonio entre una mujer y un hombre

Miguel Manzanera

Vicario Judicial Arzobispado

La Iglesia católica ve un problema serio, que se ha hecho muy crítico en la sociedad, la unión homosexual.

La unión matrimonial entre el hombre y la mujer está reconocida por la Constitución Política del Estado, en su artículo 63.

Y ojalá que no se cambie este artículo de la Constitución porque es una decisión acertada.

El matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer, previendo que la mujer puede ser madre y, por lo tanto, merece una protección especial.

La unión matrimonial es muy distinta a la unión entre amigos que se reúnen para distintas finalidades.

Hay grupos que buscan cambiar el artículo 63 de la Constitución Política del Estado, que señala que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer, que tiene vínculos jurídicos y se basa en la igualdad de derechos y deberes de los cónyuges.

Pienso, personalmente, que sería un grave error cambiar lo que dice la Constitución sobre el matrimonio, porque esta institución permite la formación de las familias y las familias son el sustento de la sociedad.

No se debe confundir con otro tipo de uniones, que tal vez en otros países se han aprobado, pero no son matrimoniales sino homosexuales.

La Iglesia defiende el matrimonio y, tal vez, si hubiese grupos de población importantes, que se reconozca una unión civil entre dos personas, indistintamente de su sexo, que puedan entre ellas ayudarse en ciertos derechos y obligaciones, poder compartir los bienes, el derecho a la herencia.

Asimismo, no estoy de acuerdo que estas parejas homosexuales adopten, porque la adopción, que está reconocida en el sistema jurídico, tiene que ser en beneficio del menor.

Y se ha visto que los menores adoptados por parejas homosexuales tienen más dificultades en su desarrollo armónico, en lo psicológico y moral.

Willmer y Rolando sellaron su amor con ceremonia humanista

La pareja que está unida desde hace 14 años tuvo una celebración simbólica en la que ratificaron su deseo de compartir el resto de sus vidas entre los dos.

Aunque ambos pertenecen a distintas religiones, aseguran que lo importante es haberse casado ante Dios. Varias relaciones gays replicaron esta práctica en Cochabamba debido a que la unión legal no está reconocida en el país.

“Nosotros nos hemos casado ante Dios. Lo que digan los demás no nos importa”, asegura con voz resuelta Willmer, de 49 años, quien en 2006 participó de una ceremonia humanista para sellar el amor que siente por su pareja, Rolando de 35.

La actividad planificada para solo 10 personas terminó siendo un evento en el que participaron cerca de 300. Todos sus amigos querían ser parte de la primera celebración pública de unión voluntaria entre dos personas del mismo sexo en Cochabamba.

Esta ceremonia, que tiene solo un valor simbólico, fue para ambos un acontecimiento similar al de una boda heterosexual.

Sus amigos y familiares les apoyaron con el local, la música, la bebida y el bufet.

Rolando y Willmer escucharon por unos cinco minutos la reflexión de un varón y mujer humanistas que sellaron el amor de la pareja gay.

Desde ese primer evento, la comunidad conoce que al menos unas diez ceremonias de este tipo se han realizado en Cochabamba, como un acto simbólico “para sellar el amor que se tiene una pareja”.

“Yo le dije, crees en Dios, y él me dijo sí. Entonces respondí, yo también creo y es a Él a quién le declaramos nuestro amor”, rememora Willmer al ser consultado cómo surgió la idea de esa celebración.

Willmer, de religión católica, y Rolando, protestante, aseguran que fue muy difícil para ellos sacar adelante su relación marcada en ambos casos por los tradicionalismos en los que habían sido criados.

Ambos coinciden en que fueron educados en colegios en los que solo se les enseñaba a amar y formar una familia con una persona del sexo opuesto y por eso lucharon contra sí mismos para aceptarse como gays.

Pese a las reglas que siempre le impusieron en su hogar, Rolando pudo “salir del clóset” a los 20 años. Antes, había intentado huir del país. Pensaba que estaba solo y que no había nadie como él. Veía solamente movimientos gays en Brasil y Argentina. Su intento de escapar lo llevó solamente hasta Santa Cruz, luego decidió retornar.

Acudió al teléfono confidencial que se promocionaba por radios en esa época y por ese medio una psicóloga le dio la referencia de la comunidad que había en Cochabamba.

“Siempre supe que era gay, que no era igual que los otros”, afirma Rolando.

Para Willmer, la “salida del clóset” fue un proceso que le demoró mucho más tiempo, pues se declaró gay después de los 30 años, tras haber sostenido una relación de pareja con una mujer por una década.

En ese tiempo él ya tenía una carrera y trabajo. Decidió entonces independizarse y hacer una vida gay de bajo perfil. Comenzó a frecuentar “lugares de ambiente” en La Paz y llegó a ser activista de la comunidad para la Asamblea Constituyente, proceso en el que intentaron que la unión entre parejas del mismo sexo sea reconocida, pero no tuvieron el éxito que esperaron.

Willmer llegó incluso a ser arrestado en esa época solamente por estar en una discoteca gay en la ciudad de La Paz.



SE ENAMORARON

DESDE EL PRIMER DÍA

Las malas experiencias que vivió en La Paz hicieron que migrara a Cochabamba, donde el ambiente era más tranquilo y fue allí que conoció a Rolando.

Ambos, diseñadores gráficos de profesión, tenían un amigo en común, Pablo, quien comenzó a despertar el interés del uno por el otro.

Pablo les hablaba a cada uno por separado y les decía que los quería presentar. Varias veces fueron citados en su oficina, pero no coincidían con los horarios.

Entonces inventó un cumpleaños al que fueron invitados los dos.

Todos sus amigos fingieron la fiesta a la que ambos llegaron nerviosos y ansiosos por conocerse.

Cuando los presentaron, la conexión fue automática y desde el 23 de noviembre de 2002 no se volvieron a separar.

Son 14 años que están juntos y ocho conviviendo bajo el mismo techo.

SU HOGAR

La casa de Willmer y Rolando, un departamento que está en proceso de compra en el centro de la ciudad, es como el hogar de cualquier pareja heterosexual.

En dos pequeños cuartos y una sala que colinda con la cocina, la pareja realiza a diario su vida. Parte de su trabajo que tienen como diseñadores gráficos y artistas (pintor y dibujante) lo elaboran allí.

Por ello, las paredes y repisas de su casa están llenas de sus obras y de fotografías de la pareja compartiendo con familiares, viajes y algunos matrimonios a los que asistieron.

Y es que la pareja es muy querida por sus familias. Willmer dice que sostener una relación fuera del ámbito familiar siempre fracasa por lo que los dos buscaron la aceptación de sus padres, hermanos, tíos y primos.

“Puedo decir que soy feliz porque nuestra pareja ha sido asimilada en nuestras familias”, apunta.

Comenzar a vivir juntos no fue fácil. Al principio trataron de “escapar” de la ciudad y residir en Totora, pueblo natal de la madre de Willmer, pero una amiga que tenía una casa grande les ofreció un garzonier independiente.

“La casa está sola todo el día y como ustedes están pensando vivir juntos por qué no se vienen con nosotros”, le propuso.

La pareja aceptó feliz y se mudó inmediatamente. Compraron algunos muebles y con la ceremonia también llegaron algunos bienes de valor para la pareja.

Pareja de lesbianas tiene un hijo y ahora los tres forman una familia

Paola, de 33 años, tiene el pelo corto, usa aretes muy pequeños y viste como hombre. No lleva maquillaje en el rostro ni prendas ajustadas como su pareja Carla, de 39, con quien formó una familia hace ocho años.

En la comunidad gay y lesbiana, además de su trabajo y universidad, Paola se ha ganado el respeto de todos los que la conocen. Asegura que nunca sintió maltrato ni discriminación de nadie.

“Si tú sabes hacer bien las cosas te respetan por eso y no por tu intimidad. Gracias a Dios nunca he sentido el rechazo en mis círculos sociales”, puntualiza.

Pese a ello, su preferencia sexual es algo que todavía no ha revelado a toda su familia. Solo sus padres, hermanos y tíos cercanos lo saben. Ella dice que no necesita más.

Su pareja Carla, quien estuvo casada con un varón y tiene un hijo de 22 años, decidió rehacer su vida a su lado luego de aceptarse como lesbiana y de que su matrimonio fracasara.

Ambas tienen ahora el apoyo de sus familias, lo que les permitió formar un hogar y traer al mundo a un niño que actualmente tiene dos años.

Tal como hacen muchas parejas lesbianas en el exterior, el pequeño nació del vientre de Carla gracias a un tratamiento de inseminación artificial en el que colaboró un familiar varón de Paola.

La idea de echar mano a la inseminación artificial rondó por la cabeza de la pareja durante tres años. Tras obtener el respaldo de sus padres, y del hijo de Carla, ambas tomaron la decisión de hacerlo.

RECONOCIMIENTO

El niño fue inscrito con el apellido de ambas.

En el momento de registrarlo en el Servicio de Registro Cívico pidieron que sea inscrito con la modalidad del padre opcional, que no requiere la presentación de carnet de identidad del progenitor que lo reconocerá.

Carla hizo que su pareja figure con su nombre y apellido como el padre de su hijo.

Según Paola, el registro y el proceso de inseminación artificial no fue un problema para la pareja y asegura que otras lesbianas que conviven en Bolivia y quieren formar una familia tal como ellas, pueden hacerlo.

ROLES EN LA CASA

La pareja que comparte el mismo techo en un departamento que ya es de su propiedad, tiene los mismos roles que el de una pareja heterosexual.

Paola explica que estos roles se dieron de manera automática en su relación.

“Yo asumí el papel del hombre y eso es normal. En algunas parejas sucede eso y en otras no”, puntualiza.

Al asumir ese papel, ella se encarga de mantener la casa, para lo cual tiene dos trabajos.

Por la mañana cumple servicios para una empresa y al terminar la tarde atiende el café de la comunidad gay y lesbiana.

Aunque ya es administradora de empresas, también reparte su tiempo para estudiar la carrera de Derecho.

Mientras el día de Paola transcurre entre el trabajo y sus estudios, Carla se queda en la casa y se ocupa de cuidar al niño que hace poco comenzó a dar sus primeros pasos.

Hasta hace unos meses Carla también aportaba al hogar con un trabajo que realizaba en un café, por las noches, pero ahora se dedica a tiempo completo a su hijo.

Durante el día la pareja comparte en horas de la tarde, cuando Paola sale de su primer trabajo. Ambas se dan tiempo para verse y que la relación no se vuelva monótona.

Aunque su niño todavía no sabe hablar, según la pareja él reconoce perfectamente quién asume el rol materno y quién el paterno en el hogar.

Paola asegura que lo educarán para que no asuma la “mentalidad cuadrada” que todavía persiste en Bolivia, a la que le cuesta aceptar a las parejas gays y lesbianas.

La madre manifiesta que en un futuro apoyarán a su hijo si él decide amar a una mujer o si encuentra el amor en una persona de su mismo sexo.

SE CONOCIERON

BAILANDO

La historia de amor de estas dos mujeres comenzó en una discoteca.

Ambas habían salido de relaciones amorosas con personas de su mismo sexo, que no fueron muy fáciles de sobrellevar.

Paola atravesaba por una situación complicada. Se sentía muy inestable y no conocía a muchas personas lesbianas en Cochabamba, ciudad en la que había decidido afincarse después de llegar desde Santa Cruz. Toda su familia está en la ciudad oriental.

Una de sus amigas la llevó a una discoteca de ambiente y le pidió que bailara con una chica. Al principio ella declinó la invitación.

Su amiga no se dio por vencida y fue a traer a Carla para presentarlas y que bailaran juntas.

Al día siguiente, Carla llamó por teléfono a Paola y comenzaron a salir juntas.

Después de un año y medio de relación, y con el aval del hijo de Carla que ya era joven, ambas decidieron vivir juntas.

Para Carla fue también difícil en un principio porque ella había decidido separarse de su esposo y padre de su primer hijo, para asumir que era lesbiana.

Las familias de ambas las aceptaron y apoyaron para que comiencen a convivir.

“Nosotras hemos tenido mucha suerte. Yo veo a parejas que aún no captan lo que es ser familia del mismo sexo y se complican mucho. Pienso que sobre todo debe haber mucha madurez y responsabilidad de ambas partes”, agrega Paola.

EL RECHAZO

DE UNA MADRE

Paola vive todavía bajo el anonimato para algunos de sus familiares que no saben que es lesbiana. Para ella fue muy duro salir del clóset a los 19 años por el rechazo que tuvo de su madre.

Poco antes de declarar su homosexualidad, había optado por vivir sola y migró a Cochabamba, cuando toda su familia proveniente del occidente decidió quedarse en Santa Cruz.

En una de las visitas que hizo a su casa llevó a una chica. Todos sus familiares pensaban que era una amiga, pero su mamá las vio cuando se daban un beso y descubrió que Paola era lesbiana. Dejó de hablarle por cuatro meses.

“Me acuerdo que cuando llamaba a mi casa mi mamá me colgaba el teléfono. Eso fue muy duro”, puntualiza Paola.

Su padre, por el contrario, la apoyó. Le dijo que ya se había dado cuenta de su preferencia y respaldó su decisión.